En un contexto de transformación acelerada del agronegocio, marcado por presiones productivas, demográficas y tecnológicas, la CONSULAI desarrolló el Estudio Evolución del Trabajo en la agricultura en Portugal, con el objetivo de analizar los cambios estructurales del trabajo agrícola en las últimas décadas y apoyar la toma de decisiones basada en evidencia. El estudio confirma que la agricultura portuguesa es hoy un sector más productivo y tecnificado, pero también más dependiente de nuevas formas de trabajo, de inmigración laboral y de cualificación técnica, enfrentando desafíos relevantes a nivel del envejecimiento de la mano de obra y de la seguridad.
Principales Conclusiones
- La agricultura portuguesa produce hoy más valor con menos trabajadores. En las últimas tres décadas, el volumen de trabajo se redujo de más de 430 mil a cerca de 220 mil trabajadores a tiempo completo, mientras que el valor generado por el sector creció de forma consistente, permitiendo que la productividad más que se duplicara.
- El empleo agrícola no ha desaparecido, sino que se ha transformado. El número de personas empleadas se ha estabilizado entre 165 000 y 180 000 en los últimos años, con una fuerte reducción del trabajo familiar y un aumento del trabajo asalariado, que ya representa alrededor del 40% del total.
- Cuatro de cada diez trabajadores agrícolas son extranjeros. Más del 40% de la mano de obra agrícola es de origen extranjero, una proporción que se ha cuadruplicado desde 2014 y que no tiene parangón en ningún otro sector de la economía portuguesa. En los cultivos intensivos y estacionales, esta mano de obra resulta fundamental para hacer frente a los picos de trabajo concentrados y garantizar la continuidad de la producción a lo largo del año.
- Los trabajadores extranjeros están, de media, más cualificados que los nacionales. En la agricultura, el 7,5% de los trabajadores extranjeros tiene estudios superiores, frente a solo el 2,7% de los portugueses, lo que pone de manifiesto una contribución relevante a la cualificación del sector.
- Los salarios agrícolas han aumentado en torno a un 50% en diez años. La remuneración media mensual ha pasado de unos 660 euros a cifras cercanas a los 1.000 euros, creciendo más rápidamente que la media de la economía. Aun así, se mantiene muy por debajo de los 1.742 euros registrados a nivel nacional.
- La agricultura portuguesa varía considerablemente según la zona. El Alentejo concentra el 54,7% de la superficie agrícola, pero solo el 11,3% de la mano de obra, lo que refleja un modelo a gran escala y altamente mecanizado. Regiones como el Algarve o el Oeste presentan productividades superiores a 5 200 euros por hectárea, asociadas a una mayor intensidad de trabajo.
- La mano de obra agrícola está envejeciendo rápidamente. La edad media de los trabajadores ha aumentado de 46 años en 1989 a 59 años en 2023, mientras que la mano de obra familiar se ha reducido en más de un 60%, lo que pone de manifiesto una clara falta de renovación generacional.
- Los accidentes han disminuido, pero siguen siendo graves. Entre 2014 y 2023, los accidentes laborales se redujeron en torno a un 20%; sin embargo, la tasa de mortalidad sigue siendo elevada, ya que alrededor del 0,19% de los accidentes tienen como resultado la muerte, una de las más altas entre los principales sectores económicos.
- El agricultor del futuro será cada vez más un operador tecnológico. La integración creciente de automatización, sensores, inteligencia artificial y servicios especializados está sustituyendo tareas manuales, aumentando la eficiencia productiva y exigiendo trabajadores con competencias técnicas y digitales.
El estudio refuerza la necesidad de políticas públicas, inversión y estrategias empresariales alineadas con esta nueva realidad del agronegocio, donde la productividad, la cualificación y la sostenibilidad social se vuelven indisociables.