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Artículo
1 de marzo de 2026

Sostenibilidad con impacto: del riesgo a la resiliencia y la creación de valor

María Ingham Mendonça

El sector agrícola opera en un contexto de riesgo estructural creciente. La variabilidad climática, la escasez de agua y la degradación de los suelos, entre otros riesgos físicos, han estado afectando cada vez más la viabilidad de la producción agrícola, reforzando la necesidad urgente de una aproximación de gestión orientada a la resiliencia del sistema productivo. Paralelamente, los riesgos de transición, como la evolución normativa, particularmente en la regulación Ambiental, Social y de Gobernanza (ESG), El actual contexto geopolítico y la presión ejercida por los mercados y los consumidores hacen que esta transformación no solo sea inevitable, sino también estratégicamente relevante.

La sostenibilidad no puede ser considerada únicamente como una obligación reglamentaria o una cuestión de principio moral o ético. Tampoco debe verse únicamente como un coste inevitable o como un compromiso con la productividad o la rentabilidad económica. Su verdadero potencial reside en una aproximación estratégica orientada a la creación de valor, en la que la adopción de prácticas sostenibles contribuye a mejorar la productividad y la competitividad a corto, medio y largo plazo.

La integración de nuevas prácticas o enfoques más sostenibles, tanto en inversiones productivas como no productivas, debe estar respaldada por una toma de decisiones informada que permita evaluar impactos y resultados a lo largo del tiempo. En este contexto, la monitorización deja de ser solo un ejercicio de reporte o cumplimiento. La recopilación y el seguimiento de indicadores relacionados con la salud del suelo, la eficiencia hídrica, la estabilidad productiva y la eficiencia operativa permiten reducir la incertidumbre asociada a la transición, generar información relevante para orientar las decisiones de inversión, ajustar prácticas y anticipar riesgos.

Es precisamente en esta relación entre la decisión, la información y la gestión del riesgo que se crea el valor, manifestándose en diferentes dimensiones.

  • Gestión y mitigación de riesgos: las explotaciones más resilientes al impacto de los cambios climáticos, a la disponibilidad variable de recursos y a la volatilidad de los mercados presentan mayor estabilidad productiva y menor exposición a pérdidas inesperadas, lo que se traduce en una mayor previsibilidad económica.

  • Eficiencia operativa: la optimización del uso de los factores de producción y de las operaciones en la explotación permite reducir los costes asociados a la degradación de los recursos naturales y mejorar el rendimiento económico.

  • Valorización del activo agrícola, del producto y de la empresa: las empresas y explotaciones gestionadas con una visión a medio y largo plazo se vuelven más atractivas para nuevas fuentes de financiación, seguros y asociaciones comerciales, y se encuentran mejor posicionadas frente a las exigencias regulatorias y de mercado.

Además, estas estrategias pueden contribuir a diferenciar productos, por ejemplo mediante la certificación de sostenibilidad y el acceso a premios de precio, y, en algunos casos, generar fuentes adicionales de ingresos, como créditos de carbono, créditos de biodiversidad u otros servicios ecosistémicos.

Es fundamental comprender que los desafíos de la sostenibilidad agrícola van más allá de la producción primaria y tienen repercusiones a lo largo de toda la cadena de valor agroalimentaria.

La variabilidad productiva, las variaciones de calidad y el aumento de los costos no afectan solo al productor, sino también a la industria, la distribución y el retalho. Por esta razón, es urgente encarar este desafío de manera colectiva, evitando concentrar el riesgo de la transición en la producción. Programas que involucren a los productores y otros miembros de la cadena de valor, la industria, la distribución, entidades de financiación o entidades públicas, permiten construir una aproximación proactiva, alinear incentivos y compartir riesgos y oportunidades.

El sector se encuentra actualmente en un momento decisivo para definir su estrategia de sostenibilidad, que debe ir mucho más allá de los créditos de carbono. El enfoque debe estar en la creación de resiliencia, mediante la definición de objetivos claros, estrategias de implementación creíbles y la movilización de toda la cadena de valor agroalimentaria. Más que un principio o un objetivo El aislamiento ambiental y social hace que la sostenibilidad se convierta en un componente central de la estrategia económica de las empresas. Integrarla de manera estructurada es un paso esencial para garantizar la competitividad y la resiliencia del sector en un contexto de creciente incertidumbre.